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Hay una soledad palpable por toda la casa. Esta enganchada a las paredes, se mueve lenta y pesadamente como una masa transparente por todo el ambiente, por el aire, las tuberías y los cables. Mece la ropa en la terraza y llena de silencio los sábados por la mañana. Esta en la incomunicación, en el ruido de pasos en el pasillo, detrás de la puerta del comedor.
Esta en la ropa y en el olor a nicotina impregnado en las cortinas. En los platos de la cena olvidados en la pica, en el descuido, la música, los libros, los cómics y el teléfono mudo de ruidos. Añora la risa, el café y el porro compartido. No tener que ir a trabajar y desayunar dos veces todavía con el pijama. Una soledad que no sabe que nombre llamar porque no se quiere compartir.
Hay penas que son caprichos del alma, la literatura esta llena de ejemplos.
